Millas por recorrer
Algún día, con un café en mi mano derecha y el amanecer más
increíble que jamás haya visto, tendré la genial idea de cerrar los ojos y
hacer un recorrido por mi vida; esa que estoy dispuesta a construir y que será
la hostia.
Ese día y justo después de analizarlo todo me sentaré a
escribir la historia más emocionante que jamás imaginé. Y la publicaré. Os
contaré a todos lo maravillosa que haya sido mi vida, con sus más y con sus
menos. Os dejaré claro que nada es lo que parece aunque lo parezca demasiado.
Os obligaré a ir de frente, a hacer lo que os salga de los cojones, a cagarla
mil veces hasta que creáis haber aprendido. Escribiré en mayúscula si hace
falta que llena más hacer sintiendo que pensando.
Me miraré al espejo. Me descojonaré de mí. Habré continuado
haciendo las mismas estupideces que hago ahora. Habré seguido diciendo las
mismas paridas. Seguro que habré sacado de sus casillas a todos como de
costumbre. Sentiré que todo lo malo que haya pasado me ha hecho fuerte. Que
simplemente sonreír ayuda a curar muchas heridas.
Miraré a esa persona que se acueste al lado izquierdo de mi cama
y la besaré, así sin más. Y dejaré que responda a ese beso de la forma más
intensa que se le ocurra. Me dejaré llevar. Ah, y pondré música; cuanto más
alta mejor.
Ese día recordaré una por una todas las personas que hayan
descubierto lo compleja que puedo llegar a ser. Incluso aquellas de las que
jamás volví a saber. Las echaré de menos y me preguntaré qué fue de ellas.
Imaginaré sus vidas con lo poco que pueda saber. Bueno y seguro que me da por
buscar a muchas.
Echaré un vistazo a mis fotografías porque me dará la gana.
Abrazaré a mi perro mientras tanto y olerá a incienso porque sí. Porque me
gusta a mí ese plan.
Me arrepentiré (si eso) de lo que he hecho. Habrá sido todo tan a mi manera que no podré quejarme. Algún día, yo habré sido tan yo que yo que sé.

