Seguro
que más de una vez te ha costado decidirte, el hecho de no saber si tirar por
aquí o por allí, o simplemente no tirar.
Siempre el miedo es el malo, como empuje y como
freno. Qué pasa con el entre medias.
Antes
de poner rumbo, te habrán surgido miles de preguntas para las que tú misma
tienes respuesta. La trampa está en la certeza de esas respuestas. A veces
tratamos de creernos que son verdad sin ni siquiera comprobarlo. El no, por
ahí no seguido de un argumento lo suficientemente convincente que
resulta ser capaz de desmontarse en muy poco tiempo. Ah, pues no era lo
suficiente. Espera, ¿no lo era, o es que quizás tu respuesta no era tan
cierta como creías?
Rectificas.
Un ejército entero de respuestas se enfrenta a la única pregunta que de verdad
vale, qué quieres. Ahora no importan tanto los caminos, sino tú, que
estás a punto de caminar con paso firme sobre ellos. Caminante, no hay
camino; se hace camino al andar.
La peor batalla es la de uno consigo mismo, porque clavas la espada y quien se
hiere eres tú, sin querer y sin esperarlo, lo que hace que duela aún más
todavía. Inconexión.
Ahora
sucede que hay demasiadas respuestas que complementan a esa pregunta. Mierda,
no esperaba tantas.
Te
das cuenta de que no se puede lidiar con cada una de ellas, sería consumirse
demasiado. Solo hay una. Hay una que si cierras los ojos y buscas dentro de ti,
en profundidad, aparece y te dice que no sigas luchando, que no crees más
tempestades. Te advierte que quizás no sea la más apropiada para guiarte, pero
que, entre todas, ella es la que ha aparecido en lo más hondo de ti. Has
escarbado para encontrarla y ahí está. Así que te convences y te pones en
marcha.
Maravilloso.
Ya
estás ahí, siguiendo y disfrutando el camino que tanto te ha costado abrir, que
tanto miedo te daba no sólo por su principio, también por su recta final. El
mundo es de los valientes, de los que se arriesgan. Es de los que hacen a causa
de sentimiento, de los que buscan lo que ansían de verdad y se dejan llevar por
ello a donde sea.
No
vale hacer para querer sentir, pues quizás solo sintamos el vacío de la espera.
Ese ya llegará que consume el tiempo, nuestro valioso tiempo. Se va y no
vuelve. Repito. Se va para no volver.
En
lo más profundo de nosotros, se esconde nuestra verdad, aquella que nos empuja
hacia aquí o hacia allí y que quizás se proclame culpable un día ante cualquier
frenada. Solo tenemos que buscar y comprobar que sentir es la mayor
aventura que podemos realizar, es ese entre medias que debimos
cuestionarnos previamente.
Los comienzos dan miedo y los finales normalmente
son tristes, pero todas las cosas que van entre medias hacen que merezca la
pena vivir todo lo demás.