A mi yo de ayer
Me
pregunto si me oyes. No me conoces pero yo a ti sí, como
la palma de mi mano y se que tendrás muchas preguntas y yo pocas
certezas. Pero bueno, que hoy se me ha antojado volver a saber de ti,
buscarte; porque te estoy pensando.
Me estoy acordando de los momentos que viví; yo contigo y tú sin mí. ¿Qué raro, eh? Me gustaría verte la cara ahora mismo para ver como te estás quedando al saber que yo existo. Tan así. Tan de esta forma. Tan fruto de ti. Mira lo que has construido, cabrona.
Cuantas veces te frené sin tú saberlo; y cuantas te empujé a echarle huevos al asunto que fuera. Repercutí en ti inconscientemente. Todo para hacerme a mí. Tan desastre. Tan tan. Siento no ser quien querías que fuera. Sobrevivir aquí y ahora no es tan sencillo como parecía.
Que sí, que se que me estás escuchando. No te acojones al saber de mí. Ya se que se me ha ocurrido que mantengamos una conversación en un momento un poco turbio. Pero tengo que decirte algo: necesito que me ayudes. Coge todas esas cosas que tanto me ilusionaban antes, que tanto me hacían reír, que tan viva me mantenían. También todos esos recuerdos que nunca se consumen, los buenos. Bueno, venga, también los malos; que a veces vienen de puta madre. Pero no te pases. Quiero que guardes todo en una caja enorme y me la des. Es lo único que te pido.
Lo dejo en tus manos. Espero que recuperando eso consiga descubrirme un poco más, que me está costando. Ná, no me preguntes por qué, que con el tiempo lo sabrás.
Esto va así: tengo que tirar de quién he sido para saber qué quiero ser ahora. Ya sabes, construirme de nuevo. Que sí, que me estás escuchando y se que me vas entendiendo poco a poco. Date tiempo. Tú de momento recuérdame quién fui, que quiero serlo mil veces mejor.
No
te rayes, no hace falta. Ya verás como un día nuestro yo del
mañana lee esto y viene a contarnos lo bien que lo hicimos. Ya verás
como nos pide ayuda, como yo a ti. Ya verás como consigues entonces
entenderlo todo. Eso sí, prepárate porque la otra imbécil va a
toda hostia y sin frenos. Que no la conocemos, pero está ahí en
alguna parte, como lo estuve yo.
A
mi yo de ayer: Te estoy pensando y sabías
que lo haría, cabrona. Sabías que volvería a buscarte.
Para
que luego digas que no me conoces. Y lo haces más de lo que piensas.

