Lo que me salga de los cojones
A menudo he creído en la capacidad de controlarlo todo. Palabras,
gestos, emociones, impulsos, acciones. Me he basado, ciertas veces, en tener
todo calculado al milímetro para después observar como el cálculo llevaba al
error más inexacto, más incoherente. Maldita ansia por buscarle tres pies al
gato.
Me estoy acostumbrando a dejar de creer semejante tontería y le estoy cogiendo el gustillo a eso del descontrol. Me está dando por pensar que no soy de premeditaciones, que para qué sirven las previsiones. Que por qué no empiezo a hacer lo que me salga de los cojones.
Me sobran ganas. Y me las voy a guardar, que siempre vienen bien. Ah, y las voy a compartir un poquito también, que la unión hace la fuerza y vete tú a saber qué más. Voy a generar un inventario de primeras sensaciones con esas putas ganas, sin prejuicios y sin suposiciones.
Basta ya de medir en milímetros. Quiero cargar con errores exactos, que pesan menos. Y me refiero a esos imprevisibles, lejos de algún que otro quebradero de cabeza, generados porque aposté todo y perdí. Porque me dio la gana arriesgarme. Y menos mal.
Se acabó el sellar los labios. Que lluevan barbaridades que algún día puedan dejar de serlo. O no. Adiós a la responsabilidad que conlleve lo dicho con sentimiento, que ‘sentir siempre es real’. Lo que tenga que ser será.
Sin frenos. Sin ataduras. Voy a decir más que sí y menos que no. Tampoco quiero empacharme demasiado, no vaya a perder el orgullo y buen sabor que produce negarse de vez en cuando.
Me estoy acostumbrando a dejar de creer semejante tontería y le estoy cogiendo el gustillo a eso del descontrol. Me está dando por pensar que no soy de premeditaciones, que para qué sirven las previsiones. Que por qué no empiezo a hacer lo que me salga de los cojones.
Me sobran ganas. Y me las voy a guardar, que siempre vienen bien. Ah, y las voy a compartir un poquito también, que la unión hace la fuerza y vete tú a saber qué más. Voy a generar un inventario de primeras sensaciones con esas putas ganas, sin prejuicios y sin suposiciones.
Basta ya de medir en milímetros. Quiero cargar con errores exactos, que pesan menos. Y me refiero a esos imprevisibles, lejos de algún que otro quebradero de cabeza, generados porque aposté todo y perdí. Porque me dio la gana arriesgarme. Y menos mal.
Se acabó el sellar los labios. Que lluevan barbaridades que algún día puedan dejar de serlo. O no. Adiós a la responsabilidad que conlleve lo dicho con sentimiento, que ‘sentir siempre es real’. Lo que tenga que ser será.
Sin frenos. Sin ataduras. Voy a decir más que sí y menos que no. Tampoco quiero empacharme demasiado, no vaya a perder el orgullo y buen sabor que produce negarse de vez en cuando.
Pienso pintar con colores bonitos todo lo que carezca de luz. Pienso creerme que sí, que todo va sobre ruedas, aunque de repente decidan reventar. Engañarme para después pillar mis propias mentiras tiene un puntillo que qué se yo. También pienso confiar mucho en mí, que todo fluya. Pienso saborear la emoción de volver a levantarme tras la caída más tonta.
Y por supuesto, quiero. Quiero enloquecerme y que se enloquezcan conmigo. Decirlo todo muy alto y muy claro. Mirar a los ojos y descubrir qué hay detrás de ellos. También que descubran qué esconden los míos. Que se adelanten a mí, que me sorprendan. Quiero que el karma juegue conmigo, que me llene de señales que lleven a algún lugar del que no quiera huir, con alguien a quien no quiera dejar marchar.
No se por qué me hundí creyendo en la capacidad de controlarlo todo. Ingenua yo, que me retorcí escribiendo mis propias erratas fruto de esa búsqueda de tres, cuatro y cinco pies al gato. Y nada iba bien. Basta ya de buscar la exactitud, que lo maravilloso se esconde en las imperfecciones de la vida.
Para qué calcular mis acciones. Que le den a las premediciones, que ya va siendo hora de hacer lo que me salga de los cojones.
Y por supuesto, quiero. Quiero enloquecerme y que se enloquezcan conmigo. Decirlo todo muy alto y muy claro. Mirar a los ojos y descubrir qué hay detrás de ellos. También que descubran qué esconden los míos. Que se adelanten a mí, que me sorprendan. Quiero que el karma juegue conmigo, que me llene de señales que lleven a algún lugar del que no quiera huir, con alguien a quien no quiera dejar marchar.
Para qué calcular mis acciones. Que le den a las premediciones, que ya va siendo hora de hacer lo que me salga de los cojones.

