He vuelto

Hola, adiós; no sé. Pero estoy aquí de nuevo y como nueva, un pelín perdida, sí. Pero con ganas. Nuevo curso, nueva etapa, nuevos objetivos, nueva actitud, nuevas oportunidades que no estoy dispuesta a desperdiciar; nuevo camino.



Es curioso lo que puede llegar a hacer nuestra mente cuando no es capaz de encontrarse, de equilibrarse más bien. Hija de puta, actúa rápido y piensa después; ya es tarde. Pero fíjate, es inteligente porque si lo piensas detenidamente parece una llamada de atención hacia lo que de verdad quieres y no sabes querer. Es como si te pusiera a prueba para empezar de cero, lento, con cuidado.

Vaya mierda actuar rápido para abrir los ojos, vaya mierda organizar todo en la cabeza y sentir que se desordena poco a poco, que se esfuma. No es lo que quieres, pero está pasando y sólo tú puedes recoger cada pedazo de tu vida y reorganizarlo. Y te va a costar, anda que si te va a costar... nadie dijo que fuera fácil.

Si algo he aprendido en esta vida es que no podemos esperar nada ni a nadie, ni siquiera podemos controlarlo todo; y tampoco podemos controlarnos del todo a nosotros mismos. Nos pasamos los días, las horas centrados en algo concreto o en alguien y no vivimos. Desvivimos. Nos consumimos.

Mi error hasta ahora es esperar demasiado de mí misma, ser exigente con todo lo que me rodea y con quien me rodea; no, basta. Por exigir demasiado no se tiene demasiado; es más, se infravalora lo que se tiene y creedme cuando digo que lo que tengo vale millones.

Esa exigencia también lleva a la desconfianza, no en los demás y en lo que me rodea; hablo de mí misma. Desconfío de mí, ¿por qué? No sé. Pero lo hago, quizás por aferrarme demasiado a lo que quiero y por el miedo a que un día no tenga la oportunidad de quererlo. El miedo nos lleva siempre a lo peor; cómo lo odio... lo estrangulaba hasta acabar con él. Lástima no poder hacerlo, yo que sé colega, vete al menos un tiempo y déjame en paz.

Y lo siento. Ya que estoy, lo siento de verdad. Los errores de hoy son la lucha imparable del mañana; y rendirse es de cobardes. Sí, me he rendido muchas veces pero jamás he pensado en quedarme tirada en el suelo, y menos por ti. Jamás me enseñó nadie a ser cobarde. Por ti nunca lo sería.



'Qué sería de mí sin mis tormentas en ésta cabecita loca'...

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